"Hay personas que llenan huecos en tu vida que no sabías que existían"

lunes, 28 de julio de 2008

Decisión Salomónica

Tengo 6 sobrinos: un niño de 13 años y una niña de 6, hijos de mi hermana mayor que viven en Barcelona; dos niños de 5 (al que llamaremos A) y 3 años (J) hijos de mi cuñado pequeño que viven en Valencia y dos niños más de 4 (B) y 2 años (M) hijos de mi cuñado mediano que viven en Madrid.

Hasta hace poco, los hijos de mi hermana vivían cerca de casa de mi madre. Ahora se han mudado por causas de trabajo de mi hermana. Los de Valencia tienen un piso en el puerto del pueblecito donde veraneamos, por lo que van bastante a menudo. Y los de Madrid acuden al chalet familar para pasar sus vacaciones veraniegas en nuestra compañía y algún que otro fin de semana o puente a solas.

Como los veo sólo en vacaciones y en navidades, procuro pasar un rato jugando con ellos. Esta anécdota ocurrió el pasado sábado 26 de julio.

Nos reunimos todos en el chalet para comer. En total éramos 7 adultos y 4 niños. Mientras los papás hablaban en la terraza con la abuela, yo estuve pendiente de los críos (cosa que creo agradecen, de vez en cuando).

A y J trajeron un juego de golf que se compone de 3 palos diferentes, 2 bolas y una plataforma que simula el hoyo con un banderín de un palmo. Me llevé a los tres a un rincón del jardín (el cuarto renacuajo nos siguió) para que "jugaran al golf". Aquí fue cuando empezó la guerra.

Los dos hermanos (A y J) se peleaban por el mismo palo. El primito (B), se conformó con el que le dieron. Empezaron los lloros, los gritos, los puñetazos, las patadas... Intervine lo mejor que pude para que no se mataran.

¿Cómo solucionar esto de manera que todos queden contentos? Sorteando los palos. En un principio, ninguno de los tres estuvo de acuerdo pero, aún no sé cómo, logré convencerles. Repartí los palos y puse como condición que se los intercanviaran entre los tres después de cada golpe. Pareció que les satisfizo la idea. Me convertí en la tía más lista del mundo mundial.

Como los niños de estas edades no suelen seguir demasiado las reglas de los juegos, "jugar al golf" para ellos era pegarle a la pelota para ver quien llegaba más lejos. Así que los alineé a los tres, les di una pelota a cada uno (apareció una pelota de ping pong que hizo las veces de bola de golf) y se dispusieron a darles de golpes (cada cual a su estilo) para ver quien la lanzaba más lejos.

Ahora que todo parecía ir bien, cada uno con su pelota, turnándose los palos, corriendo tras la bola correspondiente, alegrándose por llegar lejos... pensé que sería un buen momento para sentarme a vigilarlos a la sombra.

No llevaba más de 10 minutos sentada cuando volvió a estallar la guerra. J quería de nuevo ser el único poseedor del "mejor" palo de golf del juego. Intenté volver a imponer la táctica anterior, pero nadie la quiso aceptar. De modo que solucioné drásticamente pero de forma salomónica la situación: recogí los trastos y los guardé.

En ese momento me convertí en la tía más odiada del mundo mundial.

1 Comentarios:

¡ PAPASKINEL !!! dijo...

Tod@s hemos sido niñ@s y sospecho que alguien me recriminaría si me leyera escribir así pero QUE DE PUTA MADRE SE VIVE SOLO Y CON LAS PROPIAS NUEROSIS, hablo por mi solo. Amén.